Guille tiene un poco de desorden en su habitación; está buscando un calcetín y no lo encuentra. Hace tiempo que se viste solo porque  es muy mayor, ya tiene seis años. Pablo, su hermanito más pequeño, tiene dos. 

—¿Dónde está mi calcetín blanco, mamá?

No está en el cajón de mi ropa. Aquí solo hay uno.

—Guille, mira bien, a lo mejor está en el cajón derecho —le dice su madre desde la cocina, mientras le prepara el desayuno a Pablo.

Vuelve a buscar en los dos cajones de su armario y, nada… solo están sus camisetas, un pijama y los pantalones vaqueros.

—No lo veo mamá —dice un poco desesperado. 

Se da cuenta de que se está haciendo tarde. Hoy tiene gimnasia y debe llevar el uniforme completo si quiere que don Luis le deje hacerla con el resto de la clase.

—Guille, a lo mejor está en el armario de la plancha. Por favor, mira allí. Enseguida termino con tu hermano y te ayudo a buscarlo.

El pobre se va un poco enfadado hasta el armario y, aparte de la plancha y de dos camisetas arrugadas, no ve nada más.

Se  le saltan las lágrimas, se está jugando la clase de gimnasia. Como no le ayude su madre, no va a encontrar el calcetín que le falta.

—Mira en el canasto de la ropa sucia. A lo mejor se me olvidó meterlo con el resto de la colada —su madre tampoco sabe dónde puede estar.

Guille casi se cae de cabeza en el cesto al intentar buscar en el fondo, pero allí  solo están las sábanas y las toallas de hoy.

—Oye Guille,  ¿mira a ver si está tendido en la cuerda? Puede que no lo  recogiese anoche

El niño sale al  jardín, levanta la cabeza hacia donde está la cuerda de tender la ropa.

Nada, allí solo hay un calcetín rojo, una camiseta y un pijama también de ese color. Está a punto de explotar; se le ha puesto la cara del color de la ropa que está tendida.

—Mamá, solo hay un calcetín rojo y la camiseta  y el pijama rojo de Pablo.

—¿Un calcetín rojo? —dice asombrada—. Pero si tú no tienes ningún calcetín de ese color.

            Entonces se da cuenta de lo que ha ocurrido: se le ha colado el calcetín en la lavadora con la ropa de Pablito.

—¡Ay, lo siento!, ha sido culpa mía, he mezclado tu calcetín blanco con la camiseta de Pablo y se ha desteñido.

Guille está hecho un mar de lágrimas, hoy no podrá jugar el partido; don Luis no le dejará.

—No te preocupes, voy a contarle lo ocurrido a tu profesor. Además va a ser divertido ir con un calcetín de cada color. Verás, yo me pondré un zapato de cada clase y nos vamos a reír mucho por la calle. Vámonos al cole.

El niño va dando saltos por la calle muy divertido. Algunas personas les observan sorprendidas pero ellos les saludan al pasar como si tal cosa.

Nada más llegar al colegio, la mamá de Guille le cuenta lo ocurrido a don Luis.

—Se le han quedado todos pequeños. Precisamente hoy iba a comprarle algunos pares más. Enseguida vuelvo y le pongo sus calcetines blancos —le comenta la madre.

            El profesor no le dejará sin partido pero se da cuenta de que algunos compañeros  le han visto con un calcetín de cada color y se están empezando a reír de él.

Don Luis  se dirige al resto de la clase: 

—A ver chicos, Guille ha crecido tanto que se ha quedado sin calcetines. Su madre le va a traer enseguida un par. Pero se me ha ocurrido que  esta tarde vamos a hacer dragones con calcetines viejos.

 ¿Alguno de vosotros tiene calcetines que no valgan? Si podéis, traedlos y   haremos manualidades. Guille ya tiene el suyo, seguro que le sale un dragón  genial.

Antes de empezar el partido, la madre de Guille le lleva un par de calcetines blancos y puede jugar sin problema. Por la tarde hacen unos dragones preciosos con los calcetines que han traído.  Les han puesto ojos con botones de colores y unas lenguas muy largas con cintas que han cosido en la punta. El de Guille,  como tiene un color muy bonito, ha quedado muy alegre y colorido. Cuando sale del cole y se lo enseña a su madre esta le da un beso y sonríe.

—Ves Guille, con buena voluntad  en esta vida  todo tiene arreglo.