Cuento perteneciente al libro: LAS TERTULIAS DE DON FABIÁN FLAKES DE LA ROSER

Bien, pues aquel día soleado, entre los carritos de flores ocurrió algo insólito: una familia de tulipanes preciosos, recientemente cortados, sollozaba amargamente. Me acerqué y les pregunté qué les ocurría. Ellos me contaron que les habían cortado las piernas, les habían dejado sin hogar y sin pertenencias, que temían por su destino y, que por si esto fuera poco, el abuelo había desaparecido por el camino.

Mamá Tulipán lloraba tanto, que se le había corrido el rímel de los ojitos; era guapísima; tenía unos cabellos que brillaban como el oro, y el vestido era supermono: largo, de colorines y con muchos volantitos. Además, llevaba un sombrerito muy elegante, a juego.

Sentí tanta lástima que prometí ayudares, y así lo hice. Me fui, y a la media hora regresé disfrazado de operario conduciendo un trenecito. Me acerqué a una de las salidas de emergencia y, como quien no quiere la cosa, salí de allí cargado con toda la familia. Los deposité en el cestillo de mi bici y, tapándolos con una chaqueta, salí zumbando de allí. Papá Tulipán, que era muy serio y con bigote verde, me indicó el camino a su casa, que no estaba cerca, no. La familia canturreó durante el trayecto; estaban a salvo.

 ¡Bigote verde, vaya una bobada! – volvió a cuchichear Helga al oído del conde de Casacuadrada.

Al llegar al domicilio de los Sres. Tuliponian, que así se llamaban, caímos rendidos por el cansancio. Yo dormí a pierna suelta en la camita confortable, aunque algo estrecha, que Mamá Tulipán me había hecho con tanto amor; un lecho de hierba fresca cubierto con sabanitas confeccionadas con pétalos que se les habían caído de la cabeza.

Cuando despertamos, ya entrada la mañana, estábamos casi felices. Casi, digo, porque el abuelo no había aparecido. Los niños Tulipán me explicaron que al Abu se le iba bastante la memoria. Me ofrecí para ir a buscarlo y los niños, agradecidos, cubrieron de besitos mis mejillas. ¡Aún conservo en mi cara el tacto y el olor de los pequeñines!

Horas después, regresé a casa de los Sres. Tuliponian con el abuelo en mis brazos, más muerto que vivo. Pero entre las sopitas calientes de Mamá Tulipán y los caramelitos de limón y menta que le dieron los niños, logró revivir.

La familia Tuliponian y yo nos hicimos grandes amigos y, a fecha de hoy, nos llamamos diariamente por teléfono. He asistido a varias bodas y cumpleaños y, ni qué decir tiene, todas las primaveras las paso en su casa de campo. Desde aquí les envío un besote muy grande y…Colorín colorado este cuento se ha acabado.

Todos los asistentes aplaudieron emocionados y, entre aplauso y aplauso, se oyó una voz ronca: – ¿No le ha parece a usted algo corto, Lord Garci? – Y él, que estaba por los huesos de Helga, no contestó, pero se ruborizó muchísimo.

POEMA

Si yo gobernara el mundo

prohibiría cortar flores.

Alejarlas de su hogar no es bueno.

¿Por qué lo hacemos entones?

¿Para qué hacerlas sufrir?

Ellas sienten como tú

aunque sean de otro reino.

Viven, respiran… ¡Padecen!

Notas al poema: Este bello poema pertenece al repertorio del intelectual Lord Garci, conde de Casacuadrada.

RUEGOS Y PREGUNTAS

P- D. Fabián, ¿qué es una subasta? – interrogó la marquesa de Sondesondo.

R- Pues, madame, una subasta es la venta pública de cosas que se adjudican al mejor postor, es decir, a quien pague más.

Se levanta la sesión a las 20.00h. 

Besos de manos. Apretones de manos. Besos en la cara y…Hasta el próximo domingo