Imagen tomada de Pinterst

La boda de Tortilla y Macarrones con salsa

– ¡Estimada Croqueta, cuánto tiempo sin verla! –
exclamó una Hamburguesa de peinado elegante
– ¿Es que sabe qué pasa? ¡Ando tan ocupada! –
contestó y se llevó un Mixto por delante.

– Disculpe señor Mixto – pronunció la Croqueta
y acomodó su pamela ahora un tanto ladeada
– Como le iba diciendo, mi querida Hamburguesa,
tengo mucho trabajo y el tiempo no me alcanza.

– Le pasa como a mí, de eso estoy segura,
entre los más pequeños somos las preferidas
y con Patatas Fritas, que por suerte acompaña,
de plato en plato andamos y acabamos rendidas.

Así hablaban y hablaban paradas muy horondas
en medio de la pista, en un salón de fiestas.
Croqueta altos tacones y flores en el pelo,
Hamburguesa llevaba su capelina puesta.

Los otros invitados, poco a poco llegaban,
se iban ubicando en las distintas mesas.
Albóndiga del brazo de don Arroz con Salsa
Espárrago elegante, con doña Mayonesa

Doña Porra charlaba con Croissant a la plancha,
Ensalada, coqueta, sonreía a Bistec
Costilla cuchicheaba con Puré de Patatas,
Salchicha se quejaba: le dolían los pies.

Por si aún no adivinas, de qué fiesta se trata,
te diré que hoy en día, aún todos la recuerdan:
la boda de Tortilla y Macarrones con Salsa
¡No imaginas el lío que se armó en esa fiesta!

El embrollo empezó al llegar los dos novios,
Macarrones traía cachetes colorados,
Tortilla se movía despacio en su vestido,
todos los invitados querían saludarlos.

En un momento apenas, en medio de la pista
los flamantes esposos fueron apretujados
Tortilla perdió un guante, dos flores y una liga
y al novio toda su salsa se le fue por un lado.

Tortilla se echó entonces a llorar como nunca
Macarrones sin salsa estaba triste y pálido
alrededor de ellos se hizo un triste silencio
ni qué decir sabían, los torpes invitados.

Macarrones rehízo, su traje como pudo,
y olvidándolo todo, ensayó una sonrisa
– Aquí nada ha pasado. ¡Siga la fiesta! – dijo
y acompañó a Tortilla al medio de la pista.

El baile comenzó con el vals de los novios
y después hubo rumba, rock y chachachá.
No se quedó sentado ni un único invitado
y todos festejaron sin parar de bailar.

Ya era de madrugada cuando los bailarines,
uno a uno se fueron sentando a descansar.
Croqueta ya agotada, se quitó los zapatos,
mientras Doña Hamburguesa se acercaba a charlar.

– ¡Qué guapa está la novia! – dijo Doña Croqueta.
– ¿Vio usted? , recién hablábamos con Doñas Espinacas.
– Ese vestido blanco, la hace una princesa…
– Y el novio aunque sin salsa, no perdió la elegancia…

La fiesta terminó cuando ya amanecía
y todos despidieron a los recién casados
los dos iban sentados en un plato amarillo
mientras los saludaban con las manos en alto.

Esta historia aunque a muchos, os parezca mentira
ocurrió como otras en un cuento inventado,
de esos que se cuentan para llamar al sueño
y ponen al final: Colorín Colorado.

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