Ilustración de Fernando Noriega
¡Ay! -suspira la niña 
contemplando la mar.
-Una montaña  de  olas 
yo quisiera llevar,
 ponerla en el  regazo
de mi dulce mamá,
llena de espuma blanca
 cuando  rompe al  final, 
con mil peces de plata, 
más un fino  coral.
Del mar huye la niña, 
ya deja de soñar,
un beso de su madre 
su  llanto hace brotar.
-No llores, mi tesoro, 
corazón de cristal,
pues tu amor verdadero 
es mi felicidad,
vale más que la Tíerra
 mucho  más que  la mar.
-Tengo la luz de tu alma,
¿para qué quiero más?