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Desde el año 1967, el 2 de abril, coincidiendo con el nacimiento de Hans Christian Andersen, se celebra el día Internacional del Libro Infantil y Juvenil. El objetivo es llamar la atención de la sociedad sobre la importancia de este género y fomentar el amor por la lectura entre los niños y jóvenes.

Dentro de la Literatura Infantil y Juvenil hay grandes y reconocidos escritores y no voy a citar nombres por no olvidarme de alguno, pero en representación de todos ellos he traído hasta este espacio a Mónica Rodriguez, a través de una entrevista que la hizo Begoña Bueno para la revista BLI

Mónica Rodriguez, nacida en Asturias y afincada en Madrid, es uno de los referentes actuales de la LIyJ. Tiene más de 45 libros publicados, y es ganadora de numerosos premios de certámenes nacionales e internacionales. En el año 2018 fue galardonada con el Premio Cervantes Chico.

Entrevistamos a… Mónica Rodríguez Por Begoña Bueno. Febrero de 2020

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No he podido tener mayor placer que tener conmigo a Mónica Rodríguez para poder hablar de cuentos y novelas juveniles. No solo es una gran escritora, sino que me ha transmitido muy buen rollo, buena energía, positivismo e ilusión por todo.

Esta entrevista se realizó durante la revisión de “Piara” en un club de lectura en el que participan varios escritores. Se realizó después de leer Piara, por lo que parte de la entrevista se centró en este libro.

– ¿Cómo surgió el libro de Piara?

Tengo una amiga llamada Ángela que creció en un pueblo de Extremadura. Muchas de las anécdotas que aparecen en el libro son reales y le pasaron a ella: una vaca que se puso a parir cuando iban a una boda, un pollo sin plumas, la tienda de todo con algún ataúd… Me llamó mucho la atención el contacto de los pueblos con la naturaleza, su cercanía y aceptación al ciclo vital. No hay tanto tabú sobre la muerte o la vida, y tuve la necesidad de escribir sobre ello, de compartirlo.

 – ¿Cómo surgieron sus protagonistas? 

De algún modo, la protagonista debía ser una niña que representara todas las vivencias que me había contado Ángela. Era necesario el contraste con la visión de un niño de la ciudad, por lo que Pedro fue otro personaje imprescindible. El resto fue surgiendo según escribía a partir de esas historias que me había contado Ángela. 

–¿Por qué escribes LIJ? 

Me fascina la mirada limpia de los niños. Escribir para niños o de niños o sobre niños me permite volver a mirar el mundo de nuevo con esos ojos, recuperar el ancho y largo mundo de la infancia. Aprender desde su perspectiva. 

–¿Cómo comenzaste a escribir? 

Siempre me ha gustado escribir. Comencé escribiendo poesía empujada por todos aquellos poemas que leía de adolescente en los libros de la biblioteca de mi abuelo. Abandoné la poesía para adentrarme en la narrativa y tuve la oportunidad de conocer a Gonzalo Moure, quien me animó y me guió. Yo le enviaba las historias que escribía y las comentaba, tanto lo positivo como lo negativo. Si tengo algo bueno en mi escritura, desde luego, se lo debo a él. Gonzalo también me enviaba lo que él escribía para que lo revisara. No sabía muy bien qué le podía aportar yo, pero a mí me sirvió mucho para aprender a escribir. 

–¿Cuáles son los puntos principales que te enseñó para ser una buena escritora?

Me enseñó que un buen escritor debe poseer fundamentalmente estas tres cosas: Honestidad: escribir por uno mismo, desde dentro y hacerlo desde tu propia voz. Respeto: todo lector (incluido los niños y jóvenes) son inteligentes y hay que dejarles espacio para su propia imaginación, su reflexión y su emoción. Emoción, escribir desde el corazón, escribir desde la emoción.

 –¿Cuánto tardas en escribir un libro? 

Cuando algún niño me pregunta eso, yo siempre les respondo con una pregunta:” Si un niño está aprendiendo a caminar porque aún no sabe y por tanto, se cae, ¿cuánto veces tendrá que levantarse hasta que empiece a caminar?” La respuesta es: “Las veces que haga falta”. Un libro se tarda en escribir el tiempo que necesite para caminar solo. 

–¿Escribes varios libros a la vez? 

No, solo uno. Soy obsesiva y necesito meterme en la historia cuando comienzo a escribir. Muchas veces lo hago a partir de imágenes. Por eso me pongo fotos y vídeos sobre lo que escribo. Trato de sentir en mi piel lo que mismo que el protagonista, trato de mirar el mundo con sus ojos, con su corazón.

—¿Envías a las editoriales todo lo que escribes?

Hay libros que al final no me convencen y no los envío. Una vez escribí un libro sobre un niño ciego. Me acerqué a la ONCE a entrevistarme con dos mujeres ciegas. Caminaba con los ojos cerrados para saber cómo sienten los invidentes mientras escribía. Al final, cuando releí la historia no me convenció, así que la deseché. Este es un ejemplo. Pero me ha pasado muchas más veces.

—¿Has escrito algún libro que te han rechazado y luego ha sido un gran éxito?

Piara mismo fue rechazada por una editorial antes de que se lo enviara a la editorial Narval, y ahora tiene un gran reconocimiento de la crítica y del público e incluso el premio Fundación cuatrogatos, un premio iberoamericano. La Partitura también fue rechazada por una editorial. Después, ganó el Premio Alandar de Edelvives y una vez publicado, la revista El Templo de las Mil Puertas, escrita por y para jóvenes, le concedió el Premio Templis a la mejor novela juvenil nacional de ese año.

—¿Cómo y dónde fue la primera editorial con la que publicaste?

La primera vez que publiqué fue gracias a Gonzalo Moure. La editorial Pearson le contactó para pedirle un libro, y él, que no tenía en ese momento ningún texto, les dio mi contacto. La segunda vez fue con Anaya, aunque tardé 4 años en tener el libro publicado. Muchas de mis primeras publicaciones fueron a través de premios en los que me había quedado finalista.

—¿Cuál es el proceso que sigues para acabar un libro?

Voy descubriendo la historia a medida que escribo. Releo y corrijo constantemente. Una vez acabado, tengo a tres primeros lectores que lo leen y me lo comentan, entre ellos Gonzalo y mi marido. Después, hago cambios siguiendo sus comentarios. Lo leo de nuevo y lo dejo reposar una temporada, semanas o meses. Pasado ese tiempo, lo vuelvo a leer y a corregir, y ahí ya evalúo si la novela merece la pena o no.

—¿Siempre haces los cambios que te pide la editorial?

Normalmente sigo todas sus sugerencias porque son profesionales y suelen tener razón, aunque hay ocasiones en que no es así, o que a mí no me lo parece. En uno de mis últimos libros, me pidieron que creara un hilo conductor entre los diferentes capítulos que sucedían en distintas ciudades. En este caso, después de darle muchas vueltas, no consideré necesario introducir ese hilo conductor, así que lo envíe a otra editorial. A ellos les gustó como estaba, y lo van a publicar así.

—¿Piensas mucho en las ilustraciones que se harán de los libros cuando escribes?

Escribo mucho por imágenes, por eso me recreo en fotografías. Me gusta mucho describir ambientes a partir de la luz. Las texturas, los olores, los colores también forman parte de esas imágenes. Sin embargo, no tengo capacidad para ver los posibles dibujos que puedan acompañar y complementar el texto. No me imagino la ilustración, me imagino mi libro.

—¿Cuándo acabas un libro? ¿Se lo envías a varias editoriales a la vez para que lo publiquen?

No, suelo esperar la contestación y si es negativa, valoro las motivaciones del rechazo y, en su caso, lo envío a otra editorial. A veces si no contestan en seis meses, lo envío a otra.

—¿A parte de escribir, ¿qué otras actividades implican tu trabajo como escritora?

Pues suelo ir a encuentros en colegios o institutos. Disfruto mucho de estos encuentros, son una experiencia muy enriquecedora. Esto me permite conocer mucho lo que piensan, lo que sienten, lo que les gusta, con lo que han disfrutado…

—¿Notas que suben las ventas con estas visitas?

Sí, cuando hay recomendación o prescripción de un libro colegios, se nota el incremento de las ventas.

—¿Alguno de los lectores te han dicho que se han sentido identificados con tus protagonistas?

Pues depende del libro y de los lectores. En muchos casos sí, pero también encuentro lectores que tienen dificultades con alguno de los libros, por el lenguaje, el ritmo, el estilo complejo. Por ejemplo, Biografía de un cuerpo, es un libro que depende mucho del lector. Hay lectores que les cuesta entrar y otros que les fascina desde el principio. Aunque es verdad que aquel que continua leyendo suele acabar gustándole mucho. En la última feria del libro, una chica se me acercó muy emocionada y me dijo que había disfrutado muchísimo con esa historia, con el lenguaje, con la forma en que estaba contada y lo que transmitía con él. Me lo dijo de tal manera, que hizo que ya mereciera la pena haber escrito ese libro.

—¿Notas diferencia entre los lectores masculinos o femeninos con tus libros? Por ejemplo, con Piara, ¿notas mas lectores chicas que chicos?

No, nunca he sentido esa diferencia. Por ejemplo, con Piara, he recibido comentarios tanto de chicos como chicas que les había motivado tanto la lectura que se habían vuelto lectores.

¿Cómo decidiste dejar de trabajar?

Estuve durante mucho tiempo escribiendo todas las noches, después de mis siete horas de trabajo en un centro de investigación y de pasar la tarde con mis tres hijas, entonces pequeñas. Dejé el trabajo para dedicarme por entero a la literatura después de recibir un dinero por la venta de la casa familiar. Quise darme la oportunidad de probar a escribir con todo el tiempo por delante y ver si era capaz de convertirme en escritora. Ya tenía algún libro publicado y un premio. Al poco tiempo de dejar mi trabajo gané el premio Ciudad de Málaga, lo que supuso un gran espaldarazo a esa decisión. Recuerdo la alegría que me llevé cuando llamó Ana María Matute a mi casa a comunicarme que había ganado el premio. Inicialmente iba a estar dos años dedicándome por entero a la escritura (es lo que daba el dinero de la venta del piso) y llevo más de nueve. Así que me siento completamente afortunada. Durante este tiempo he logrado mantenerme gracias a los premios.

—¿No piensas en escribir algo que sea más comercial a veces?

Pues no. Me han llegado a ofrecer escribir alguna colección más comercial, pero yo no me veo haciendo eso. No me interesa y posiblemente tampoco fuera capaz de hacerlo. Necesito creer en lo que escribo y disfrutar con ello. Necesito estar convencida sobre lo que hago. No sé si es lo más adecuado, pero es como lo siento.

—¿Cuál es el último libro que has estado escribiendo?

Es una historia con toques autobiográficos. Estuve un tiempo de voluntaria trabajando con niños de la calle en Colombia cuando tenía 26 años. Aquella experiencia fue emocionalmente muy fuerte, porque además de ver y vivir la miseria, el lado más oscuro de la sociedad, sentí una atracción especial por uno de esos niños. En esta novela, hurgo en esos sentimientos, trato de organizar ese caos emocional sobre el que nunca, en 24 años, fui capaz de escribir. Ahora lo he hecho y en la novela reparo la vida. Al menos, algunos hechos que no sucedieron y que aquella chica de 26 años le habría gustado hacer.

—¿Qué grandes diferencias ves entre los escritores de adulto y los de infantil

Diría algo que suele decir siempre Begoña Oro, y es que a los escritores de literatura de adultos se les admira, y a nosotros, los escritores de literatura infantil y juvenil nos quieren.

Está claro que Mónica Rodríguez seguirá escribiendo, y con suerte podremos leer algún libro de ella para los adultos. Yo, desde luego, leeré sus libros sean infanti- les, juveniles o para los mas mayores.

Una entrevista de Begoña Bueno

https://revistabli.com/2020/02/06/entrevista-monica-rodriguez/

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