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Hoy en clase de Conocimiento vamos a hablar de los transportes. Los niños canarios saben mucho sobre los medios de comunicación marítimos y aéreos; de hecho  siempre que van  de una isla a otra tienen que hacerlo en avión o en barco.  Para ellos, eso es tan corriente como para los niños peninsulares coger el tren.

—Señorita, aquí en Gran Canaria no tenemos trenes —dice Sara mirando a su profesora con los ojos muy abiertos.

—Ya lo sé,  por eso voy a explicarlo ahora.

—Pues yo he estado en Madrid y cogí un tren para ir a Santander —interrumpe Arantxa haciéndose la interesante. 

—Vale, pues empieza a explicar cómo son los trenes, que todos te escuchamos —le sugiere Conchita.

—Pues los trenes… son como varios coches enganchados unos a otros, no van por la carretera, no  tienen ruedas de goma y se mueven por encima de unas barras de hierro. —A esas barras de hierro se les llaman vías— aclara la profesora.

—Sí y funcionan con electricidad —dice Arantxa

—Eso  es verdad; los trenes actuales son eléctricos, pero antes se movían a base de carbón, y cuando te asomabas por la ventana, a veces se te metía carbonilla en los ojos —añade la profesora.

—¿Carbonilla?  –preguntan algunos niños en voz alta.

            —Sí, la carbonilla eran trocitos pequeños de carbón que salían despedidos de la máquina y si viajabas en los primeros vagones salías con la cara tiznada de negro.

Los niños se ríen al oír a su profe. Entonces ella se levanta y dibuja en la pizarra un tren formado por una máquina y varios vagones.

—Claro, ese es igual que  el del parque de atracciones, el tren de la bruja —dice Wendell.

—Tienes razón, los trenes que van entre dos ciudades son un poco más grandes, pero se parecen a los de los parques de atracciones.

—¡Ah! Y  en Madrid, también me monté en  el metro —agrega otra vez Arantxa que no puede pasar ni un momento callada.

—Sí, mirad en las ciudades grandes hay trenes que van por debajo de la tierra, se llaman suburbanos o metro. Pero no todas las ciudades pueden tener metro. 

—¿Dónde se coge el tren profe? —pregunta Omayra.

—Los trenes salen de las estaciones; igual que hay que ir al aeropuerto para coger el avión o al muelle para coger el barco. 

—¿Y cómo es una estación de tren?

—Mira, imagínate la estación de Guaguas, pero en vez de que entren y salgan   autobuses, son los trenes los que llegan a los andenes. El andén es  el lugar en dónde se colocan los trenes para esperar a que se bajen y suban los viajeros.

— A mí me gustan más los trenes; son más bonitos que las guaguas  —dice Arantxa

—Pues  a mí me gusta más viajar en avión —agrega Alberto.

La clase empieza a alborotarse, cada niño da su opinión. Hay varios  que ya han viajado a la península y conocen el tren, pero otros que no lo han visto nunca.

— Un niño de Madrid daría lo que fuese por coger el barco tan fácilmente como lo cogéis vosotros. Cada ciudad tiene sus peculiaridades.

—¿Qué son peculiaridades? —pregunta Jonathan

—Peculiaridades son las cosas que distinguen a una ciudad de otra —le explica la profesora—. Se me ocurre que vamos a hacer un trabajo sobre los transportes. Un grupo trabajará el avión, otro el barco, y otro el tren. El tren lo van a hacer los niños que ya lo conocen. Así traerán un trabajo más completo. Luego, confeccionaremos murales que pondremos sobre la pared. ¿De acuerdo? 

—Mi padre me hizo una foto en una estación. ¿La puedo pegar en el mural?

—Si tus padres te dejan, sí.

—Señorita,  la clase de Cono me gusta igual que la de Lengua  —dice Arantxa a su profesora y, dándole un beso, sale  corriendo al recreo.

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