Imagen tomada de Pinterest

A las siete pecas que aparecieron sobre su nariz, las llamé do, re, mi, fa, sol, la y si. Porque me di cuenta de que, cuando escucha música que le gusta, sonríe y arruga esa parte de su cara. A continuación, se pone a cantar y a bailar. Es su manera de conectar con la melodía.

Do, re, mi y fa forman una ele; un poquito más cerca del ojo, con sol, la y si, se puede dibujar un triángulo.

Arruga la nariz y las siete pecas se juntan y se esconden haciendo un acorde. Luego pasa su dedo sobre ellas, como si la música le hiciera cosquillas.

Cuando me fijé en las pecas, las notas, se lo hice saber y le hizo gracia. Desde entonces se lo recordaba justo antes del beso de buenas noches:

−A las siete pecas que aparecieron sobre tu nariz, las llamé do, re, mi, fa, sol, la y si −le decía al tiempo que se las acariciaba.

Sonreía.

Pero un día…

−A las siete pecas que… ¡Un momento! ¡Falta re! ¡Ha desaparecido re!

−¡Oooh! −dijo con algo de tristeza−. ¿Adónde habrá ido?

−Bueno, las pecas son muy caprichosas y difíciles de controlar.

Estuvimos barajando opciones: que de tanto bailar esa tarde, la peca se había acabado despegando, o que se habría tomado un descanso, o que se habría ido de viaje… y cosas así.

Finalmente decidimos que re había echado a volar al sentir la llamada de un músico que la necesitaba. Ahora estaba junto a él, completando una partitura para una canción importante.

−¿Puede ser para una película? −preguntó.

−Puede ser −contesté−. O quizás el músico vaya a ser papá y esté escribiendo una nana para su bebé.

−Puede ser. −Sonrió−. Así que ahora quedan… do, mi, fa, sol, la y si.

−Eso es.

−Bueno, ¡todavía son muchas!

Lo eran, claro que lo eran.

−¿Y si mañana falta otra? ¿Y si se acaban yendo todas? −me preguntó.

−No pasará nada, la música va y viene. Llega, se queda un rato y se va. Luego vuelve otra y así.

−¿Cómo las mariposas?

−¡Sí!

Decidimos que eso es lo que pasa: la peca se despega y, al estar en el aire, se vuelve mariposa. Por eso hay que dejarlas volar, porque van camino de un compositor que las necesita. Cuando lo encuentra y está cerca, vuelve a hacerse peca, desciende despacio sobre el pentagrama y el músico la coloca en el sitio adecuado.

El pentagrama termina en el atril de, pongamos por ejemplo, un violinista. Cuando llega su momento, la peca se despega de la partitura y vuela al punto exacto en que el arco toca la cuerda del violín. Y suena un re…

Entonces la niña lo escucha, le gusta, sonríe. Y arruga su nariz.