Ilustración de Irati Pardo Alfaro
Hay una araña
que, a la mañana,
siempre se ensaña
con mi legaña.

Yo le regaño,
pues me hace daño,
y agua, en el baño,
le echo de un caño.

Dice mi “seño”
-frunciendo el ceño-
que es vano empeño.

Como soy niña,
aunque le riña,
se me encariña.