Ilustración facilitada por la autora

II capítulo del libro: Cuidado, princesas sueltas

Teatrillo en un solo acto.

A la entrada de la cueva que es la guarida del dragón.

Dragón: ¡Qué aburrido estoy! No sé qué hacer.

Murciélago: Pues anda que yo. Siempre estamos solos. Por aquí no viene nadie a visitarnos.

Dragón: Me aburro.

Murciélago: Ya me lo has dicho.

Dragón: Oye, ¿qué tal si nos vamos en busca de una princesa?

Murciélago: ¿Una princesa? ¿Para qué quieres una princesa?

Dragón: ¡Para qué va a ser! Para que luego vengan caballeros a caballo a rescatarla, y entonces nos divertimos peleándonos con los caballeros.

Murciélago: ¡Ummm! Suena bien. Parece un buen plan. 

Dragón: Yo lucho contra los caballeros y tú les chupas la sangre a los caballos. ¿Qué te parece?

Murciélago: Me parece de rechupete. Venga, vamos en busca de una princesa. Vamos. ¡Por la diversión y la sangre de caballo!

(El dragón y el murciélago echan a andar y se encuentran con una rana)

Rana: croa croa. Me aburro.

Dragón: Hola. ¿Eres tú una princesa?

Rana: No. Yo soy una rana verde, las princesas son de colorines. Yo no soy una princesa.

Murciélago: ¡Qué lástima!…

Rana: ¿Para qué buscáis una princesa?

Dragón: Nos la llevaremos para que los príncipes vayan a rescatarla.

Murciélago: Y entonces el dragón luchará contra los príncipes y yo merendaré sangre de caballo.

Rana: Suena divertido. ¿Me dejáis que vaya con vosotros?

Dragón: Bueno, vente si quieres.

(el dragón echa a andar de nuevo, el murciélago revolotea y la rana los sigue a saltos. Se encuentran con un diablillo rojo).

Diablillo: ¡Cómo me aburro!

Dragón: Hola. ¿Eres tú una princesa?

Diablillo: No. Yo soy un diablillo aburrido. ¿Para qué queréis una princesa?

Murciélago: Para que los príncipes vengan a rescatarla.

Rana: Entonces el dragón luchará contra los príncipes, el murciélago se merendará a los caballos y yo le pediré un beso a la princesa.

Diablillo: ¡Cómo mola! ¿Puedo ir con vosotros?

Dragón: Bueno. Ven si quieres

(Siguen andando y se encuentran con un pulpo).

Pulpo: Me aburro tanto que se me enredan los brazos de no hacer nada.

Dragón: Hola. ¿Eres tú una princesa?

Pulpo: Hola. No soy una princesa, soy un pulpo. ¿Para qué buscas una princesa?

Rana: Para que vengan príncipes a rescatarla.

Diablillo: Entonces el dragón luchará contra los príncipes, el murciélago merendará sangre de caballo, la princesa besará a la rana y yo le quitaré un zapato.

Pulpo: ¡Qué planazo! ¿Puedo acompañaros?

Dragón: Bueno, vente si quieres.

(Siguen su camino y se encuentran con un perro).

Perro: Me aburro. Por más que lo intento no consigo atrapar mi rabo.

Dragón: Hola, perro. ¿Has visto por aquí alguna princesa?

Perro: No. ¿Para qué quieres ver a una princesa?

Diablillo: Queremos que venga un príncipe a rescatarla.

Pulpo: Entonces el dragón luchará contra el príncipe, el murciélago se beberá al caballo, la rana besará a la princesa, el diablillo le quitará un zapato y yo peinaré sus cabellos de oro y seda.

Perro: ¡Qué diver! ¿Puedo ir yo también?

Dragón: Bueno, si quieres.

(Siguen su camino y se encuentran un manojo de flores).

Flor1: ¿Has visto cuánto ha crecido mi tallo?

Flor2: ¿Has visto tú qué colores tan bonitos tienen mis pétalos?

Dragón: Hola, chicas. ¿Sabríais decirnos donde hay alguna princesa?

Flor1: Pues no sé. Supongo que en su palacio…

Flor2: …o dando clases de baile. ¿Para qué buscáis princesas?

Pulpo: Queremos que vengan caballeros a rescatarla.

Perro: Entonces el dragón luchará con los caballeros, el murciélago se beberá los caballos, la rana besará a la princesa, el diablillo le quitará un zapato, el pulpo la peinará y yo le haré compañía y seré su mejor amigo.

Flor1: ¡Qué super, tú! ¡Nosotras podríamos adornar su vestido!

Flor2: ¿Podemos acompañaros?

Dragón: Bueno, vale.

(Siguen andando y se encuentran un mago).

Mago: Cómo me aburro. No viene nadie a jugar a las cartas conmigo.

Dragón: Hola. ¿Eres tú una princesa?

Mago: No. Las princesas no tienen bigotes. Yo soy un mago con bigotes. ¿Por qué buscas una princesa?

Perro: Porque tras la princesa vendrán caballeros a rescatarla.

Flor1: Entonces el dragón luchará con los caballeros, el murciélago se beberá los caballos, la rana besará a la princesa, el diablillo le quitará un zapato, el pulpo la peinará, el perro le hará compañía…

Flor2: Y nosotras la adornaremos.

Mago: Me gusta. ¿Puedo ir yo también?

Dragón: Bueno.

(Tras andar un poco más se encuentran una princesa).

Princesa: Estoy aburrida. No sé qué hacer.

Dragón: Hola. ¿Eres tú una princesa?

Princesa: Pues sí, soy una princesa. ¿Por qué lo preguntas, dragón?

(El dragón se la carga sobre el lomo y vuelven a la cueva. Días más tarde… se van reuniendo los personajes delante de la cueva).

Dragón: Estoy agotado. No puedo más.

Murciélago: Me tiemblan las alas de cansancio. Necesito descansar.

Rana: Mis anquitas, mis pobres anquitas. Tengo agujetas de no parar quieto.

Diablillo: Pues yo tengo agujetas hasta en las pestañas.

Pulpo: Yo tengo calambres en todos los brazos.

Perro: A mí ya no me sostienen las patas.

Flor1: Se me están secando las hojas del estrés.

Flor2: Yo estoy perdiendo mi hermoso colorido de no parar.

Mago: Esto es agotador. En mi vida he trajinado tanto.

Princesa: Pero ¿qué hacéis todos aquí parados? ¡Venga, a trabajar! ¡Dragón! ¿No te he dicho que desbroces el camino? ¿Cómo va a llegar hasta aquí mi príncipe si hay tanta maleza que no se nos ve?

Dragón: Ya voy, ya voy, sólo estaba respirando… (Se va).

Princesa: Murciélago, tú vete a quitar las telarañas del techo.

Murciélago: Voy, voy ¡Ay, mis pobres alitas! (Se va).

Princesa: Rana, ponte a sacar brillo a las piedras de la entrada. Quiero que todo esté brillante como los chorros de oro.

Rana: Sí, sí. Voy saltando. (Se va).

Princesa: Diablillo, tú sigue barriendo. No se te ocurra parar mientras esta cueva cochambrosa no relumbre.

Diablillo: Vale, voy. No me empujes. (Se va).

Princesa: Pulpo, ve ahora mismo a por agua. Llena mi bañera.

Pulpo: En seguida, en seguida. Ya estoy en ello. (Se va).

Princesa: Perro, todavía hay polvo. Vuelve a pasar el paño. No debe haber ni una partícula de polvo en mi cueva ¡Qué pensaría mi príncipe!

Perro: A tus órdenes. Quito el polvo, quito el polvo… (Se va).

Princesa: Flores, a quitar matojos y malas hierbas del camino. Venga, ahora mismo.

Flores: Estamos en ello, ya vamos. (Se van).

Princesa: Mago, ¿qué pasa con la comida? ¿Por qué no estás en la cocina?

Mago: Ahora mismo. Ya me iba a mis fogones. (Se va).

Princesa: Si no fuera por mí, cómo se aburrirían estos. Estoy agotada. Tener que estar pendiente de todo y de todos es cansadísimo.

(La princesa desaparece dentro de la cueva. Poco después vuelve el dragón) 

Dragón: Psi, psi.

Murciélago: ¿Qué pasa?

Dragón: Mira hacia allí y dime si ves lo mismo que yo.

Murciélago: Parece… Yo diría… Es un…

Dragón: Sí, dime, ¿qué es?

 Murciélago: ¡Un caballero! ¡Viene un caballero! ¡Podremos librarnos de la princesa!

Rana: ¿He oído bien? ¿Viene hacia aquí un caballero?

Diablillo: ¡Un caballero! ¿Dónde, dónde?

Pulpo: Tranquilos, un poco de calma. ¿Estáis seguros de que es un caballero?

Dragón: Bueno, lleva un caballo de la brida y tiene una espada al cinto.

Perro: Dejad de dar saltos, no lo asustéis.

Flor1: Eso, calmaos y hacedle sitio.

Flor2: Démosle la bienvenida, y luego que se lleve a la plasta de la princesa.

Mago: Dejad que yo hable con él.

Caballero: Hola a todos. 

Todos: Hola, caballero.

Caballero: Me parece que me he perdido. Iba yo por el bosque y, de repente, encontré esa vereda recién abierta y libre de rastrojos y pensé «Es por aquí», pero ya veo que la vereda no lleva a ningún castillo, sino a… esteee… ¿Qué lugar es éste? ¿Una cueva?

Mago: ¡Qué caballero tan simpático! ¿Verdad que es simpático, chicos? Y además es muy observador. Pues sí, eres el afortunado caballero que ha encontrado la vereda que lleva a nuestra cueva.

Caballero: ¿Afortunado? Pero si lo que yo quiero es llegar a algún castillo y quitarme las botas, que me aprietan.

Mago: Eres afortunado porque en esta cueva está prisionera la princesa Coralina y tú vas a ser un héroe por rescatarla.

Caballero: ¡Aaaah!

Mago: Pero siéntate un rato con nosotros y descansa. Perro, tráele un refresco al caballero. Pulpo, diablillo, ocupaos de su caballo. Rana, cántale algo. Flores, abanicadle un poco…

Dragón: ¿Puedo darle un mordisquito?

Murciélago: No. No puedes. Estate quieto y no lo estropees todo.

Dragón: Sería un mordisquito muy chiquitín, casi ni se notaría.

Murciélago: He dicho que no. ¿Acaso yo me he tirado sobre el caballo? Pues si yo me quedo sin beber sangre de caballo, tú puedes pasar sin mordisquito.

Caballero: Basta. No me abaniquéis tanto. Dejad que me levante. ¿Una princesa, dices?

Mago: Si, señor. Una real princesa, prisionera de este dragón malencarado de ahí.

Dragón: ¿Malencarado yo? Oye, mago, te estás pasando.

Caballero: Es un dragón enorme, pero no importa, me enfrentaré con él, aunque mi espada está torcida y mi jamelgo lleva una herradura medio suelta.

Pulpo: Ya no. El diablillo y yo hemos arreglado las herraduras.

Diablillo: Y le hemos sacado brillo a los cascos y hemos peinado las crines y la cola.

Perro: Trae tu espada, yo me encargo de enderezarla.

Rana: Y trae tu capa, que voy a limpiar esos lamparones que llevas.

Caballero: Sois muy amables, pero yo…

Mago: Lo que pasa es que nos has caído simpático. Por eso entre todos sujetaremos al dragón mientras tú rescatas a la princesa.

Caballero: ¿Cómo? ¡De eso nada, monada!

Dragón: Eso digo yo. Nada de nada, monadas.

Caballero: Ningún caballero que se precie haría trampas para rescatar a una real princesa, ni aunque esté perdido, con la espada torcida y con un jamelgo cojo por montura.

Murciélago: Este caballero es tonto.

Dragón: Si el chico quiere que lo churrusque un poco y me lleve un par de bocaditos, ¿por qué no dejarle que se enfrente conmigo?

Rana: Ni hablar.

Diablillo: De ninguna manera.

Perro: Ni se te ocurra.

Dragón: Anda, porfa… Prometo no romperlo mucho.

Flores: No te atrevas a tocarlo, dragón.

(Todos rodean al dragón, para que no pueda acercarse al caballero).

Mago (cuchichea, para que el caballero no lo oiga): Esto es lo que haremos, chicos. Dejaremos que el caballero se enfrente al dragón…

Dragón: Eso, eso.

Mago: Pero todos nosotros te sujetaremos por la cola para que no te puedas echar encima del caballero y no lo aplastes.

Dragón: Pero así no tiene gracia.

Flor1: No necesitamos que tenga gracia.

Flor2: Sólo necesitamos librarnos de la princesa.

Dragón: Pero…

Rana: No discutas y haz tu parte: desafía al caballero.

Dragón: Bueno, vale… Caballero, si quieres llevarte a mi linda princesa de boca de fresa y cabellos de cielo, tendrás que luchar conmigo. ¡Grrraaaaag!

Caballero: ¡En guardia!

(El caballero esgrime su espada, el dragón intenta golpearlo con una pata pero los demás le tiran de la cola y no lo dejan avanzar. El caballero lo pincha con la espada. La princesa, que se ha despertado con los rugidos, aparece en la boca de la cueva).

Princesa: ¿Qué es lo que sucede? ¡Un príncipe! ¡Cielos! ¡Un caballero ha venido a por mí!

Caballero: Ríndete, dragón, o te haré picadillo.

Dragón: Soltadme. ¡Ay! Soltadme, que me pincha de verdad ¡Ay, ay!

Mago: No lo soltéis, chicos. Seguid tirando.

Caballero: ¿Te rindes o te paso a cuchillo?

Dragón: Me rindo, me rindo. Mejor te llevas a la princesa y me dejas en paz.

Princesa: ¡Mi héroe!

Caballero: Mi linda princesa.

Dragón: Mi hociquito. ¡Ay!

Rana: ¡Eh! Vosotros no os pongáis a daros besitos aquí, que hay niños delante. Idos a vuestro castillo y que os vaya bien.

Caballero: Vale, vale, ya nos vamos.

Princesa: Eso, adiós a todos.

Todos: ¡Por fin, libres! ¡YUPIIIIII!

Continuará

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