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Capítulo perteneciente al libro :LAS TERTULIAS DE DON FABIÁN FLAKES DE LA ROSER. CUENTOS DE VERANO

Estaban todos sentados en el jardín y, de repente, se desencadenó una tormenta a la vez que la temperatura bajaba 10ºC de golpe. ¡Entremos en la casa! – dijo Don Fabián- esto se ha puesto feo.

Entraron cabizbajos. Inesita y Josefito habían comenzado las clases en el colegio. La ropa de verano estaba prácticamente guardada en los armarios y el otoño llamaba a la puerta con insistencia. Al domingo siguiente ya estaría presente y tendrían que hacer las tertulias a puerta cerrada.

-Bueno, my Friends, no os entristezcáis que todas las estaciones del año tienen su encanto. Hoy, último domingo de verano, y aprovechando esta tormenta que está cayendo, voy a contaros un cuento precioso de tormentas titulado:

LA TORMENTA QUE SE PASEABA POR LA CIUDAD DURANTE LAS NOCHES DE VERANO

Érase una vez una familia de tormentas que tenía muy mal genio y sus miembros siempre estaban discutiendo por cualquier tontería formando relámpagos espantosos y truenos ensordecedores para después terminar llorando unos aguaceros impresionantes. Los vecinos del barrio estaban hartos de ellos y no los podían ver.

He dicho que todos los miembros de la familia tenían genio, pero eso no es del todo correcto porque uno de los miembros no era así: Luzdivina, la pequeña de los hermanos, tenía un carácter maravilloso, era todo dulzura y nunca entraba en las riñas familiares.

– ¡Este cuento mola! – dijo Josefito a su mamá.

-A mí también me parece prometedor- le contestó ella.

-Pues- prosiguió D. Fabián- el caso es que Luzdivina era como la oveja rara de la familia y no la querían porque no era como ellos.

Luzdivina tampoco estaba bien vista en la Escuela de Tormentas donde enseñaban a sus alumnos a relampaguear y tronar cuanto más fuerte mejor. Siempre suspendía los exámenes porque sus truenos eran ligeros ruiditos delicados y sus relámpagos, en lugar de iluminar bien el cielo, eran una suave luz violeta que se quedaba situada alrededor de su cuerpo a modo de aura dándole un aspecto bellísimo de paz y serenidad.

Cuando llegó a la adolescencia, sus amigos la hicieron a un lado porque la encontraban demasiado débil para ellos. También fue expulsada del colegio porque fue incapaz de sacar el diploma de TORMENTÓLOGA. Y sus padres la echaron de casa porque, según ellos, no daba la talla y era algo así como la vergüenza de la familia. El caso es que Luzdivina se encontró sola en la calle y sin un amigo que la prestase un hombro donde llorar. Vagó por la ciudad buscando un sitio para cobijarse y por fin halló un taller de coches abandonado en las afueras; allí estaría a salvo y nadie podría molestarla.

Era verano, hacía mucho calor, y las familias de tormentas se disputaban el puesto para poder tronar a gusto; a veces, Luzdivina veía a su familia gruñir a lo lejos y vertía unas lagrimitas de pena.

Luzdivina estaba completamente sola y muy triste, no se atrevía a salir del taller durante el día por miedo a que la discriminaran todavía más y optó por salir a pasear por la ciudad de noche, cuando sus conocidos no pudiesen verla, y además lo hacía con un vestido de finísimo tul color violeta. Paseaba noche tras noche, cuando la ciudad dormía, y luego regresaba a su refugio con el alma encogida de pena por la soledad.

Pero, sin que Luzdivina se percatase de ello, había un compañero de la noche que también paseaba solo y que la observaba con curiosidad: Pedrisco.

Pedrisco también pertenecía a esa especie rara, igual que Luzdivina, que se sale de la norma y es rechazada por los suyos. Era delgadito, muy fino de porte y de suaves modales; jamás se tiraba de golpe y con fuerza encima de nada para estropearlo ni de nadie para dañarle. Pedrisco era elegante y especial. Por eso se fijó en Luzdivina y la siguió en sus paseos, a distancia, para que ella no se percatara. Observó cómo esa bella especie de tormenta desconocida emitía una luz maravillosa jamás vista por él. Y Pedrisco se enamoró perdidamente de ella.

-Esto se pone al dente! – musitó Helga al oído de su amado, el conde de Casacuadrada, cogiéndole cariñosamente de la mano a lo que él le respondió con un dulce beso en la frente y una patadita de complicidad.

Prosiguió D. Fabián: Sí, Pedrisco se enamoró de Luzdivina y una noche se atrevió a acercarse a ella y le habló así: “Buenas noches, delicada tormenta, tu belleza me ha fascinado. Me llamo Pedrisco, vengo observándote hace días y me pareces tan especial como lo soy yo. Y tan solitaria…como yo mismo. He tenido que marcharme de casa porque mi familia no me comprende y me desprecia…Dicen que soy un tipo muy raro”.

Luzdivina se emocionó con las palabras de Pedrisco y entabló conversación con él- hacía tiempo que no podía hablar con nadie-. Así, los dos fueron conociéndose a lo largo del verano, noche tras noche, durante sus largos paseos por la ciudad mientras los vecinos dormían. Se hicieron novios e iban cogidos de la mano mirándose a los ojos. La noche ya era de los dos, nunca más volverían a estar tristes.

Contaba un señor, que padecía de insomnio, cómo veía pasar desde su ventana pasear a los enamorados envueltos en una luz violeta preciosa, como divina, y que la los pies de la pareja se posaba una alfombra de perlas blancas que cantaban melodías celestes. Y decía también que al final del verano la pareja desapareció y no volvió a verla más. Lástima, el hombre se había acostumbrado a la contemplación de tan sublime espectáculo y tuvo que verse privado de él.

Y colorín colorado éste cuento y el verano se han acabado.

RUEGOS Y PREGUNTAS

P- ¿Qué es un aura, jefe? – preguntó Bárbara, el ama de llaves.

R- Pues un halo luminoso que se manifiesta alrededor de algunos cuerpos. Y, por favor, Bárbara, no me llames jefe que suena muy mal. – Está bien, D. Fabián, muchas gracias.

Bueno, señores, adiós al verano y adiós a todos ustedes, les espero el próximo domingo, como siempre. Que descansen- dijo D. Fabián- Y se levantó la sesión a las 20.00h.

El libro LAS TERTULIAS DE DON FABIÁN FLAKES DE LA ROSER está a la venta en las librerías de Valladolid:

“El Sueño de Pepa”- Plaza Mayor

“Campus”- Plaza de san Andrés.