

“¡Caballo mío, llévame en un vuelo
a la pradera que da risa al río,
donde baila y resuena el amor mío!”
Rogelio Buendía
En el asteroide cero, uno, seis,
se encontró el Principito
a Rocinante, rumiando un baobab.
-¿Y tu quién eres?
nunca te había visto antes.
Rocinante un poco aturdido,
por el aterrizaje forzoso,
miró desconcertado
al niño de la bufanda.
-Mi amo mandó: ¡Galope, galope!
Tanto empeño puse,
que me salieron alas en el trote.
-¿Y dónde está ese al que llamas Amo?
– Lo he perdido en el camino.
¡Despliega tus alas caballo
Vayamos a rescatarlo!
Don Quijote colgaba
de la punta de una estrella.
En cuento vio a su corcel
saltó como una centella.
Le abrazó lleno de miel.
– Caballo y hombre se quieren,
se lo tengo dicho al zorro,
hay mucho amor en el universo.
– Lo hay niño, y yo me encargo
de que no se cometan tropelías
en su precioso nombre.
– Tropelías, esa palabra,
ya está en desuso,
relinchó Rocinante.
– ¡Qué bello idioma caballo!
¿Puedes enseñarme?
Entre relinchos, palabras,
y esquivando meteoritos,
llegaron recontentos
a la cola del cometa,
que les llevaría a otro planeta.
Don Quijote, Principito
y el bueno de Rocinante,
velan desde la galaxia de la risa,
por todos los que quieren
acercarse a la verdad de la vida.